La noche se hace humo en Buenos Aires,
la luna una clepsidra entre los charcos
y algún farol de lucecita tenue
rezonga un tango viejo
esperando el final en una esquina
ignota de Palermo.
El viento abandonado
desnuda despacito tu recuerdo,
eriza espaldas llenas de nostalgia.
Y dondequiera
que esté acostado tu cuerpo de arena
delira y se deshace entre tus manos
la desazón tajeando en madrugadas
porteñas que reclaman
aquellos otros charcos en la lluvia,
un sombrerito y una resbalosa,
y que algún día, acaso,
Amor vuelva canyengue tu mirada
sobre todas las cosas.
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